
Alguna vez se ha preguntado ¿Cómo sería la vida sin esas melcochudas películas rosas en las que sus protagonistas se conocen de la nada pero duran todas sus vidas? O mejor, ¿Qué sería de la vida de Meg Ryan si en vez de haberse forrado con pelis rosas se hubiera dedicado a la peluquería o a la administración un super? Hace poco, la Universidad de Edimburgo, reveló un estudio en el que afirmaba que las situaciones de las películas románticas no pueden ocurrir en la vida real, ya que en toda relación las cosas no son color rosa, siempre habrá que enfrentar algún conflicto o hablar de las verdaderas necesidades del ser humano. Pues bien, al parece el 99% de las mujeres estaban perdiendo el tiempo si trataban de levantar o ligar en espacios tradicionales de esta pelis, como estaciones de tren o en terrenos virtuales como el Facebook, o en casos aún más dramáticos en Badoo. Este tipo de lugares, además de ser algo inseguros, son un total fracaso para conocer a esa media naranja, pues la primera impresión es la que vale, y conforme pasa el tiempo ocurre el fenómeno contrario de la mariposa. La belleza y colorido se va diluyendo dejando en evidencia los defectos y asquerosidad de un gusano. Cada escena de esas primeras citas quedan grabas en las mentes de las jovencitas como pequeños rollos de películas antiguas impregnadas de romanticismo y cursilería adorado por el sexo femenino. Si Meg Ryan se dedicara a la venta de bienes raíces y dejara a un lado los plató, habrían menos videos mentales, lágrimas y decepciones amorosas reales. Si usted, amiga (si es que alguien entra a ver este blog), le ha caído el guante en medio de esta crítica, salga ya de la cama, busque todas las películas románticas que tenga a su alcance y utilícelas de portavasos, le aseguro que ésta es una terapia para enfrentarse a todos los miedos que esas películas han causado en sus subconscientes. Ya es hora de olvidarse de las persecuciones por la calle con un ramo de flores, de los besos de despedida en estaciones de tren, de encuentros casuales en casas de amigos y en las coincidencias macabras del destino, eso no existe. Dejen ya las lágrimas al final de las películas rosa, porque esos finales solo se ven en las salas de cine.